Los años ocultos de Jesús
La juventud e infancia del Hijo de Dios
¿Recuerdas
cuando tenías doce años? ¿Qué estabas haciendo? ¿Qué solías hacer con tus padres?
¿Tenías algún pasatiempo que perdure hasta hoy? ¿Cómo influyeron esos años de
formación en la persona que eres ahora?
Solemos
escuchar o leer biografías de personas extraordinarias, y vemos que su infancia
y juventud fueron marcadas por disciplinas y logros que pulieron sus
personalidades y los llevaron a lo alto:
- Mozart a los 5 años ya empezaba a componer obras en el piano.
- Tiger Woods tenía 15 años cuando ganó el Campeonato Amateur de Golf de los EEUU.
- Gary Kasparov fue campeón mundial de ajedrez cuando solo tenía 22 años.
Muchas
veces, durante la infancia y adolescencia de estas personas, se veían adelantos
del éxito futuro que iban a tener.
Viendo
estos ejemplos, ¿qué conocemos de la infancia y adolescencia de Jesús de
Nazaret? ¿Cómo fue su crianza y la familia con la que vivió? ¿Dio algún indicio
a corta edad de su futura vida y ministerio?
Increíblemente,
la Escritura no da mucha información sobre dicho periodo. De los cuatro
evangelios, solo Mateo y Lucas mencionan el nacimiento de Jesús, y solamente el
evangelio de Lucas menciona un episodio de su adolescencia. A diferencia de las
leyendas apócrifas y las películas, la Biblia es muy reservada acerca de ese
periodo. Dios quiso ser discreto y evitar que cualquier superstición o folclore
que nos distrajera de lo más importante.
Sin
embargo, para nosotros y nuestra salvación, el Hijo de Dios vino a ser uno de
nosotros:
- “Por nosotros los hombres y por nuestra salvación, [Cristo] bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo de María la Virgen y se hizo hombre”
- “Confesamos a Uno y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en Deidad y también perfecto en humanidad; verdadero Dios y verdadero hombre…”
Jesús,
el Verbo encarnado, tenía que ser igual a nosotros, y pasar por las etapas
normales del desarrollo humano: bebé, niño, joven, hombre.
El
evangelio de Lucas (Lc. 2:39–52) nos da una muestra del desarrollo de Jesús, y
en un episodio revela qué pasó con Jesús antes que empezara su ministerio.
“El niño crecía y se fortalecía, y se
llenaba de sabiduría, y la gracia de Dios reposaba en él… Y Jesús siguió
creciendo en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y con los
hombres.” (Lc. 2:40, 52)
1. Una familia piadosa
“Todos los años, los padres de Jesús iban a Jerusalén
durante la fiesta de la pascua.” (Lc. 2:41)
En
pasajes anteriores se ha mencionado varias veces la piedad personal de José y
María (Lc. 2:21–24, 27, 39; Mt. 1:19). Dios no eligió un palacio ni una cuna de
oro para el nacimiento de su Hijo, pero eligió padres piadosos, y una familia
que estuviera el propósito de Dios.
La
Ley de Moisés requería que todo varón se presentara al menos tres veces al año
delante del Señor (Éx. 23:17). Y José no solo asistía todos los años,
sino que llevaba a toda su familia a la celebración.
El
Hijo de Dios fue criado en la tierra en una familia temerosa de Dios, y que
cumplía las ordenanzas del Señor. Sin embargo, veremos más delante que Jesús
mismo sobrepasa a sus padres en esa piedad personal.
2. Sabiduría sin igual
“Tres días después lo hallaron en el templo, sentado en
medio de los doctores de la ley, a quienes escuchaba y les hacía
preguntas. Todos los que lo oían se asombraban de su inteligencia y de sus respuestas.”
(Lc. 2:46–47)
Jesús
se pierde en Jerusalén, y hace lo que todo muchacho responsable de doce años
debería de hacer: va a un lugar seguro, a esperar que lo encuentren sus padres.
Eso en sí no es nada extraordinario.
Pero
cuando María llega, ve algo que no es normal en un niño de doce años. Jesús
está sentado en medio de los doctores de la ley, preguntando,
escuchando, y respondiendo. Nada aquí indica que Jesús estuviera como un
alumno.
- Él está sentado, que era la postura normal de un rabino al enseñar.
- Él está sentado en medio de personas que tienen 5 veces su edad, y con estudios equivalentes al post-grado en teología bíblica.
- Jesús estaba escuchando, preguntando, pero también respondiendo.
Lucas
nos muestra que desde muy niño, Jesús tenía un conocimiento y un dominio de las
Sagradas Escrituras, mayor a lo que cualquier persona pudiera tener. Cuando Él
tenía 30 años, era tan normal para Él entrar en una sinagoga, y que se le diera
la oportunidad de leer y de enseñar (Lc. 4:15).
“Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como
quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (Mr. 1:22)
Jesús
conocía la Escritura, memorizaba la Escritura, amaba la Escritura. Este
episodio ilustra la preparación personal que Él llevó antes de empezar su
ministerio.
3. Lealtad inquebrantable
a Dios
“Cuando sus padres lo encontraron, se sorprendieron; y su
madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? ¡Con qué angustia tu padre y
yo te hemos estado buscando!» Él les respondió: «¿Y por qué me buscaban? ¿Acaso
no sabían que es necesario que me ocupe de los negocios de mi Padre?»”
(Lc. 2:48–49)
Su
madre, como cualquier otra madre, estaba obviamente preocupada. Ellos se habían
ido en un día de camino, regresaron en otro, y estuvieron buscándole por otro.
Al parecer, ellos buscaron por casi todos los edificios de Jerusalén, menos en
el más obvio. ¿Dónde más podrías encontrar a Jesús?
Al
llegar al Templo, su madre expresa su angustia de manera normal. Sin embargo,
la respuesta de Jesús es bastante extraña:
- ¿Por qué me buscaban? En cierto sentido hasta ofendido que el Templo fuera el último edificio donde buscaron.
- ¿No sabían que es necesario que me ocupe de los negocios de mi Padre? ¿Qué padre? María le menciona que ella y su padre (José) lo estuvieron buscando. Pero Jesús responde que Él está donde está su Padre.
Jesús,
plenamente sabiendo su misión, está en el Templo. Movido por amor a su Padre, se
prepara para su ministerio terrenal. Jesús está total y absolutamente alineado
al propósito de Dios para Él, aún si no es lo que su familia terrenal espera:
“Cuando se terminó el vino, la madre de Jesús le dijo: «Ya
no tienen vino.» Jesús le dijo: «¿Qué tienes conmigo, mujer? Mi hora aún no ha
llegado.»” (Jn. 2:3:4)
“Sus hermanos le dijeron: «Sal de aquí y vete a Judea… Y es
que ni siquiera sus hermanos creían en él. Entonces Jesús les dijo: «Para mí,
el momento aún no ha llegado… Vayan ustedes a la fiesta; yo no iré todavía a
esa fiesta.» (Jn. 7:3–8)
“Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu
madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. El les respondió diciendo:
¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor
de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la
voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.” (Mr. 3:32–35)
4. Una vida perfecta
“Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto
a ellos.” (Lc. 5:51)
“Honra a tu padre y a tu madre.” (Éx. 20:12)
Jesús,
el Hijo de Dios, verdadero Dios, vivió como hombre verdadero. Él obedeció la
Ley de Dios que nosotros no pudimos cumplir. Jesús vivió sujeto a sus padres
terrenales, bajo la obediencia absoluta a su Padre celestial.
Jesús
vivió la infancia y juventud que nosotros debimos vivir. Pero Él vivió la
infancia y juventud perfecta por nosotros.
¿Cuál fue el resultado en
su vida?
“Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para
con Dios y los hombres.” (Lc. 2:52)
Jesús
creció cada vez más fuerte, cada vez más sabio, y su vida reflejaba la gracia
de Dios de una manera más hermosa al pasar los años.
La
verdadera humanidad del Hijo de Dios es alentadora, y es crucial para nuestra
salvación. Adoremos el misterio del Dios hecho hombre por nosotros.
Eduardo
Barrientos es originario de Monterrey, México, y es miembro de la Iglesia del
Discipulado Cristiano. Puedes seguir sus actualizaciones en Facebook, en
Twitter @SolaGraciaMin,
o en solagraciaministerios.org.
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